Mauricio Marra Arnábal

Los pequeños grandes lectores otorgan “alma” a los libros y nos invitan a recrearlos

Publicado el 18 de julio de 2019

Desde San José, Uruguay, el ilustrador de Chiche, mi ovejero, uno de los primeros títulos publicados por Viaje Literario, nos habla sobre la importancia de la recepción lectora para terminar una obra.

En el año 2001 este artista visual y diseñador gráfico empezó a ilustrar libros infantiles y juveniles. En la siguiente conversación nos revelará qué significa el crear a “cuatro manos” y nos dará su opinión sobre el rol de los niños lectores en la recepción de estas obras.

¿Cómo fue la experiencia de ilustrar Chiche, mi ovejero?

En 2014, año en que se publicó por primera vez en Uruguay, escribí: “Ilustrar este libro fue un camino de emociones y sorpresas. Susana escribe con belleza y ternura, y cada palabra es un paso, un gesto, un latido. Abre ventanas y puertas, pero deja para nosotros algunas sin abrir. Cuando cuenta, lo hace con lo que dice y lo que no dice: es exactamente allí donde se encuentran las llaves». Siento que esas palabras sintetizan gran parte de lo que para mí significó realizar este trabajo.

¿Cuál es el desafío que implicó el traducir en imágenes una historia escrita por otra persona, en este caso por Susana Aliano?

Un libro álbum es una búsqueda a cuatro manos, donde texto e imagen forman una mezcla indisoluble, sumando intenciones que se enriquecen y complementan. Ilustrar supone dialogar libremente con una historia, comprometerse con ella y reinterpretarla, aceptando el desafío de que el resultado no exprese tan solo el eco del texto. Significa proponer otra mirada y contarla desde el lenguaje plástico.

¿Cuál ha sido la recepción de estos libros de parte de los niños?

Luego de este recorrido intenso, viene quizás para nosotros lo más lindo: compartir esa experiencia con la imaginación infinita de los niños, poderosa a tal punto que no hay palabra ni dibujo que puedan someterla. Ellos son quienes terminan las historias, los que cierran el círculo. Y muchas veces —para nuestro regocijo— agregan puntos suspensivos, reinventándolas, haciéndolas propias. Así, pequeños grandes lectores otorgan “alma” a los libros y nos invitan a recrearlos: ¡el libro vive y comienza su camino de vuelta! Ilustrar no es otra cosa que dejarse llevar por la fascinación de la primera mirada, propia de los niños. Es perseguir un gesto vital, único e irrepetible, y conservarlo intacto, tal como llegó, del corazón a tu mano.


Andrea Villena Moya, periodista y editora Viaje Literario