
El lenguaje, además de ser el mecanismo por el que las personas se comunican y transmiten conocimientos, ideas y opiniones, es uno de los instrumentos más importantes para todo niño en el proceso de conocer el mundo que le rodea y establecer sus primeras relaciones de afecto. En este contexto, leer y escribir, como herramientas del lenguaje, se convierten en la fórmula perfecta para incrementar el aprendizaje y el desarrollo en general. En este artículo se exponen algunas razones.

Las calificaciones son la fórmula que ocupan los organismos educacionales para evaluar rendimientos, pero en ocasiones se transforman en el punto de partida para estados de ansiedad y hasta temor por no rendir como se espera. Quitar la idea de competencia respecto de quién tiene mejor nota o acabar con el estrés de obtener tal calificación, son objetivos que requieren del trabajo conjunto del colegio, los padres y los profesores. Entendiendo que no todos los niños son iguales, los educadores pueden actuar desde la sala de clases, evaluando con fórmulas adaptadas a las habilidades particulares de los estudiantes e instruyendo en hábitos de estudio y formas de razonar.

Más que un problema de kilos extra, se trata de una realidad grave a la que deben hacer frente los adultos encargados de la alimentación de los niños. Es momento de actuar entregando tiempo a la elección de lo que comemos e importancia a la colación de preescolares y escolares.

Vivimos en un entorno tecnológico y saturado de medios de comunicación. ¡Qué duda cabe! Tenemos acceso a una gran cantidad de información y somos testigos de la constante renovación de herramientas. Adquirir competencias para obtener y evaluar datos se hace casi indispensable para todos y —especialmente— para quienes se dedican a la docencia, en cualquiera de sus niveles. Pero no es lo único. Hoy, más que nunca, tareas como reflexionar acerca de la formación propia y la relación con los alumnos también son parte de las competencias de un educador de estos tiempos

Una persona que se conoce y acepta, apreciando sus cualidades y conociendo sus falencias, logra ser alguien feliz que no necesita buscar aprobaciones externas. De eso se trata la autoestima y es tarea de quienes forman parte del entorno de los niños fomentar esta actitud, para que en el futuro sean adultos capaces de quererse y querer a los demás.

El concepto de educación inclusiva se ha hecho común y, por lo mismo, resulta importante entenderlo adecuadamente. No solo se refiere a integrar a quienes tienen necesidades diferentes o alguna discapacidad, es un modelo que aborda a todos y a la totalidad de aspectos cognitivos, emocionales y creativos, basándose en cuatro pilares: aprender a conocer, a hacer, a ser y a convivir.